martes, 15 de diciembre de 2009

trabajo editorial


La semana pasada tuve el orgullo de presentar el numero 0 de la Revista del Diplomado en Divulgación de la Ciencia DGDC- UNAM El Episcopio. Que reunía los mejores trabajos que a lo largo de un año se presentaron. Los medios escritos son una buena manera de divulgar la ciencia, no solo porque permanecen por más tiempo que otro medio sino porque pueden llegar a muchos más lugares, y no se requiere de energía eléctrica como es el caso de la radio, la televisión o el internet. Me sorprendí hace unos días, porque al reunirme con un amigo de la carrera, éste sin saber que iniciaba una nueva carrera como editor de El Episcopio, me recordó que hace unos cinco años también fui el editor de una gaceta universitaria, se llamaba El Quijote, en esta publicación varios estudiantes escribíamos sobre cualquier tema, el único requisito era que tuviera como mínimo una pisca de ciencia. La conversación giró en torno a que el recordaba una frase de un articulo. Y lo dijo así: “me acuerdo que en El Quijote una vez salió un artículo que decía que… y muy seguido me acuerdo de esa y otras cosas que aparecían ahí”. Escuchar eso fue como un enorme premio. Pues no pensé que alguien aun recordara algo de lo que ahí se escribía. Ese fue mi primer trabajo como editor, en ese tiempo creía que hacia falta un espacio para que los que quisieran escribir lo pudieran hacer, aun lo sigo pensando, ahora como editor de El Episcopio, inicio una etapa maravillosa, los escritores; todos divulgadores de la ciencia refinan sus trabajos para entregarle al lector lo más exquisito de esta disciplina, espero muy pronto poder decirles cuál es la manera de conseguir un ejemplar. Les adelanto que en el numero 0 aparecieron artículos muy variados, uno de ellos, quizá el más literario de todos se llama sábado elemental. Inicia así:

El átomo: después de haber creado al mundo, ese día… descansó.

Su vista se detuvo justo al darse cuenta del horror del infinito. De ese infinito. Los dos espejos, enormes, enfrentados uno con otro, reflejaban un perfil inalcanzable. Su perfil. Sintió un hueco en el estomago. No. Era más como un vacio proveniente de alguna parte de su interior… — ¡Listo! —le interrumpió el viejo maestro… [Cortesía de Héctor Carranza. El Episcopio. Diciembre 2009]

Los medios escritos ofrecen la oportunidad de ser resguardados y es una manera de autentificar el trabajo. ¿Por qué se llama El Epsicopio? Un episcopio es un aparato que proyecta imagenes, pero al mismo tiempo es un grupo de individuos que persiguen un fin comun.